REFLEXIONES.
Esta
noche no he podido pegar ojo, entre vuelta y vuelta estaba hilvanando
este post, pero claro cuando te levantas y te pones delante del
teclado las cosas no salen como han resonado en tu cabeza durante
toda la noche.
La
cuestión es que la semana pasada estuve mala, mala de querer
abandonar tu cuerpo, de odiar a todo aquel que no te dejase a solas
con tus virus y tu manta. Bueno, pues así de mala estaba, y entre
delirio febril y delirio febril consumí una cantidad indecente de
televisión, de ver programas que normalmente no veo y de hacerme
muchas preguntas.
Uno
de esos programas es Cámbiame, siendo sinceras he de decir que he lo
visto 4 veces, en una ocasión fue porque una chica de mi pueblo
pequeño fue para hacerse un cambio, y claro ahí estábamos todas
las amigas despellejando -ya sabéis lo bien que sienta un poco de
crítica constructiva, puede que para el karma no, pero para el resto
del cuerpo es mano de santo-, y por si, como yo, os lo preguntáis,
la chica en cuestión nunca más vistió como en el programa, ni se
puso esos tacones ni esa falda de plumas, ni llevó el pelo
permanentado, volvió a casa y siguió vistiendo como siempre.
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| Cámbiame, equipo |
Otra
de las veces fue porque unas amigas, sobre todo Rocío y Mary, se
empeñaban en decir que hablo y gesticulo como Natalia Ferviu, y
bueno, yo es que no me veo el parecido en nada, por ahora soy
peliteñida de rubio y mi talla no es una 34, así que nos acercamos
más bien poco, supongo que es porque utilizo palabros raros de estos
fashionistas, aunque eso cualquier hijo de vecino medio leído en el
tema lo hace, así que no es que demuestre ningún parecido, solo que
leo. En fin que con este bagaje me planté a ver un trozo de uno de
los programas y me sorprendió ver que la buena persona que quería
el cambio lo quería para hacerse influencer. Que nadie se
piense que era una chica preadolescente que sigue sin piedad los
dictados de las tendencias que dicen las revistas, era una mujer
hecha y derecha, eso sí que no se sentía realizada con su trabajo
-lo que supongo yo por el giro que quería para su vida-, y pese a lo
que pueda parecer lo que me sorprendió no fue eso, lo que me
sorprendió fue que quería ser influencer para que le
regalasen cosas y asistir a eventos y viajes.
La
buena mujer no lo haría mal del todo, en Instagram ya contaba con
unos 5.000 seguidores, que ni en mis sueños tengo yo tantos -risas
dan mis 140-, sin embargo querer ser influencer para que te
regalen cosas ¿en serio? ¿Alguien se ha planteado lo que dejas
atrás para conseguirlo? Pierdes tu vida entera, no hay momento que
no quede registrado, lo que comes, con quién vas, dónde vas, cómo
vas, cómo te desperezas en la cama, tu ropa interior, tu pijama,
además siempre con una sonrisa en la cara, o con cara pensativa, si
es que no pueden tener un día regulero, y las únicas actividades
que no salen en las redes sociales son mínimas, no las mencionaré
porque todas las sabemos ¿verdad?.
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Chiara Ferragni Intagram, feb 2018
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Además,
la mayoría de influencers salen de los egoblogs, y han
mutado de egobloggers a instagramers. ¿Alguien en la
sala conoce influencers de moda que no aparezcan ellos mismos
en su Instagram? Lo que quiero decir es si hay algún influencer que
te hable sobre tendencias, sobre marcas, pero que no salga delante de
las cámaras, y que aún así le regalen ropa, viajes, jabones para
el baño, patitos de goma o lo que sea. Admito a los que salen pero
no se les reconoce, vamos la Sia de los influencers. Yo no
conozco un caso así, aunque mi interés por ellos no es demasiado
grande, la verdad, pero es que parece ser que todos quieren que su
cara sea la más buscada, porque ¿de qué sirve ir a un evento si
nadie sabe que vas? Si nadie te señala y susurra tu nombre con
veneración ¿qué interés puedes causarle a las marcas? ¿Una buena
reseña de su producto no es suficiente?
Otra
cosa que no se piensa cuando uno aspira a que te subvencionen una
vida de viajes y de ropa chula es que al igual que tu imagen está
completamente expuesta, tus actos también, todo será escrutado, y
tus decisiones serán comentadas como si de un patio de luces
cibernético se tratase “¿Has visto que ahora no quiere hacerse
fotos con los fans? ¿Qué se habrá creído? Pues ese es tu trabajo
que estás ahí por todos nosotros, ahora apuechuga”, estas
palabras se han dicho de algunas influencers al intentar poner
algunos límites a lo que comparten con el público, y bueno, yo
sinceramente no sabría cómo lidiar con la gente que sin conocerte
ni a ti ni a tus circunstancias te pone cual hoja de espinaca. Bueno,
tampoco entiendo a los que se toman tan a pecho lo que hace un famoso
o influencer, sin embargo eso es otro tema.
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| Sia, Vanitatis |
Si
lo analizamos bien ¿alguna en la sala querría cambiar su vida por
la de una influencer? Yo, a parte de que no me da la estrategia de
marketing para llegar a serlo, no creo que me diese la vida para
tanto glamour reunido, que ir en vaqueros rotos y con la cara lavada
también apetece algunas veces, y estar siempre maravillosa y estar
pendiente de cuántas fotografías con la marca en cuestión hay que
subir, y cuantos posts tienes que colgar, al final, tiene que ser un
rollo.
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| Missy Sale Instagram, oct 2017 |
Claro
ahora, a la luz del día miro mi sueño y lo veo un poco pueril, y
nada millenial, yo sería feliz escribiendo para Harper's Bazaar, que
no me tienen que tener en plantilla, con ser una freelance asidua me
conformaría -hombre mejor estar en el cotarro, y escribir todos los
números, pero con ser colaboradora ya estaría bien-, que claro mi
formación nada tiene que ver ni con escribir, ni con la moda, y de
arrastrar a masas que compren la revista porque yo escriba algo en
ella, o que visiten la web para reírse un rato del mundo de la moda
y de las paranoias de las tendencias hay pocos, y claro, así lo veo
un poco crudo.
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Harper's
Bazaar, Mayo 1948
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Después
hablo con mi amiga Gloria -la que me abrió el blog-, y me da
estrategias para ser más seguida, como hablar de los nuevos
editoriales de las webs de moda low cost, o publicar en mi instagram
los collages de los posts, y pese a saber que son buenas estrategias,
me cuesta la vida seguirlas, y es que si entras en la web de Zara ya
ves el editorial de turno, y por mucho que yo opine que es fantástico
tú ya tienes tu idea formada, y si no es de tu estilo, pues no es de
tu estilo, por mucho que diga yo.
Además
el Instagram del blog es como un complemento, como una ventanita más
al universo que me gusta, y que no únicamente está habitado por
ropa, hay paisajes, viajes, todos los grafittis chulos que me
encuentro -que por desgracia no son muchos porque vivo en un pueblo
pequeño-, decoración, y otras historias varias, supongo que el
problema es que Instagram no tendría que ser un complemento del
blog, sino el gancho para captar más lectores del blog, pero es que
un collage tiene tan poca gracia, y me lo paso tan bien practicando
el ojo fotográfico -sin tener que hacer demasiadas florituras para
conseguir el encuadre perfecto- que me cuesta subir un simple
collage.
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| Missy Sale Instagram, oct 2017 |
Podría
seguir filosofando de más cosas, sin embargo creo que por hoy ya
habéis tenido bastante, no os pase como a mí que soñéis cosas
raras como Pelayo sobreviviendo en las montañas nevadas de Canadá.














































